Una buena alimentación

Un día de estos, a las 8:30 de la mañana después de habernos levantado, y ya haber hecho alguna actividad, sentimos hambre y pensamos en que tenemos que desayunar, y lo primero que se nos viene a la mente: ¿cereal con leche? ¿yogurt con frutas? o ¿unas ricas enchiladas mexicanas?  y después del desayuno nos asalta la duda: ¿Estaremos alimentándonos correctamente?

Los alimentos, además del efecto de satisfacción sensorial agradable que nos provocan, tienen la otra función importante de nutrir a nuestros cuerpos que, debido al consumo de energía que ocurrió durante las últimas horas necesita reponer los depósitos para seguir funcionando de manera correcta.

La naturaleza por alguna razón biológica nos hizo depender del ingreso constante de material de combustión para quemarse en nuestras células a través de los alimentos que ingerimos.

Y como en todo proceso de combustión, conviene elegir un buen combustible para que éste no se queme parcialmente ni deje residuos que perjudicarán a todo el sistema.

Los alimentos son nuestros combustibles, inclusive podemos conocer su poder energético o calorífico a través de las calorías que nos proporcionan, pero más importante que el número de calorías, nos convendría saber qué tan compatibles son con nuestros sistemas de combustión y aprovechamiento de ellos.

¿Qué tipo de combustible estamos eligiendo para nuestro cuerpo?

Aquí debemos pensar en conocer cómo interactúa la calidad de los nutrientes con nuestro sistema y sus procesos digestivos.

Nadie piensa en repostar el tanque de gasolina de su auto con un tipo de gasolina o de combustible de baja calidad que si bien puede no arruinar el sistema (en ese momento), si qué lo hace andar con una baja eficiencia, con la mitad de la potencia del auto, o con una marcha intermitente señalándonos que algo no hicimos bien.

De la misma manera, nuestro organismo no marchará bien si lo alimentamos con material de baja calidad, aquí el problema (aunque en realidad es una ventaja) es que los procesos fisiológicos son lentos, no responden instantáneamente como en el caso del motor de un automóvil, y no nos percatamos de los daños hasta pasadas unas cuantas horas.  Nuestro dolor de cabeza puede ser el resultado de lo que comimos ayer y que no sentimos ningún problema en ese momento.

Debemos elegir los mejores combustibles-alimentos para nuestro mayor tesoro, nuestro cuerpo con un valor miles de veces mayor que el más lujoso automóvil del mundo, démosle los mejores alimentos posibles, los más frescos, los de mejor calidad, los más completos, los más naturales, los más adecuados a nuestra naturaleza, diariamente sirvamos los mejores platos, hechos con amor y cuidado, ya que esos alimentos se transformarán finalmente en nuestras carnes, en lo que somos físicamente, y nos impulsarán hacia un mayor desarrollo o nos serán un estorbo para ello llevándonos hacia las enfermedades que ahora tanto vemos.

Por lo tanto, ahora mismo que vas a preparar tu desayuno o quizás la comida del medio día, piensa en esos alimentos que van a formar parte de ti, selecciónalos, agradéceles,  ingiérelos relajadamente y pon toda tu atención en ese maravilloso acto de comulgar con la naturaleza a través de ellos.

¿Para qué sirve el plato del buen comer?

De acuerdo con el Plato del Bien Comer los grupos de alimentos se dividen en los siguientes tres:

  • Frutas y verduras
  • Cereales y tubérculos
  • Leguminosas y alimentos de origen animal

Frutas y verduras:

Este grupo se integra por frutas y verduras frescas y es fuente principal de fibra dietética, vitaminas, minerales y otros fitoquímicos (como antioxidantes) que promueven la salud.

Ejemplo de frutas: guanábana, manzana, plátano, limón, guayaba, papaya, mango, mandarina y sandía.

Ejemplo de verduras: pepino, calabaza, pimiento morrón, nopal, brócoli, chayote, betabel, chile poblano, zanahoria y hojas verdes (tales como acelgas, verdolagas, quelites, espinaca y lechuga).

Se recomienda consumir frutas y verduras regionales y de temporada, de preferencia crudas y con cáscara.

Cereales y tubérculos:

Este grupo provee mayoritariamente carbohidratos complejos y una gran cantidad de fibra dietética para buena digestión. Nos brinda energía para realizar las actividades diarias.

Aquí también se incluyen otros granos enteros que no son estrictamente cereales como el amaranto, la quinoa, el arroz salvaje y el alforfón.

 

Ejemplo de cereales: maíz, trigo, centeno, cebada, avena y arroz.

Ejemplo de alimentos derivados de cereales: tortilla, pan, bollos, galletas, pasta y harina de trigo, entre otros.

Ejemplo de tubérculos: yuca, papa y camote.

Se recomienda preferir cereales integrales y combinarlos con leguminosas.

Leguminosas y alimentos de origen animal:

Este grupo se conforma principalmente en alimentos que son ricos en proteínas, las cuales son necesarias para construir tejidos como los músculos, hormonas y neurotransmisores.

Ejemplo de leguminosas: garbanzo, frijol, soya, lenteja, alubia, haba y chícharo.

Ejemplo de alimentos de origen animal: pescado, mariscos, aves, productos lácteos (queso, crema, leche, mantequilla y yogurt), huevo, res, cordero, cabrito, cerdo y embutidos.